Un Citizen vintage de 1980, décadas de silencio y una historia familiar que merecía seguir latiendo.
Durante más de treinta años este reloj permaneció en silencio dentro de un cajón.
Antes había acompañado al Abuelo Anselmo durante buena parte de su vida.
Después, simplemente esperó.
Esperó a que alguien volviera a escucharlo.
Cuando cayó en mis manos era poco más que un viejo Citizen olvidado. No funcionaba, estaba desgastado por años de uso y para la mayoría de las personas probablemente no tendría ningún valor especial.
Pero para mí era mucho más que un reloj.
Era una pequeña parte de la historia de una persona a la que siempre recordaré.
Un legado más allá del tiempo
Antes de llegar a mi muñeca, este reloj pasó años en la del Abuelo Anselmo, el abuelo de mi mujer. Un hombre de los que parecen sencillos hasta que un día te das cuenta de que dejaron huella en todos los que tuvieron la suerte de conocerlo. Siempre tenía una sonrisa preparada, una palabra amable y una forma muy especial de hacer que los demás se sintieran bien.
Sus nietos y biznietos le llamaban cariñosamente "Lalo". Y cada vez que escucho ese nombre, inevitablemente me viene a la cabeza su sonrisa.
Todavía recuerdo cómo saludaba cuando llegabas. Nunca necesitaba grandes discursos para alegrarte el día. Era de esas personas que transmitían cercanía de forma natural.
A mí me llamaba "capitán".
Nunca llegué a saber exactamente por qué. Quizá era una broma. Quizá una forma cariñosa de dirigirse a mí. Con el tiempo entendí que simplemente era su manera de crear complicidad.
El Abuelo Anselmo falleció en 2004 y, con él, parecía haberse detenido también este reloj. Durante décadas no volvió a latir.
Hasta ahora.
La emoción de recuperar un reloj vintage
Como buen cazador de relojes vintage, uno aprende a mirar más allá del desgaste, de la suciedad o de los años acumulados sobre una pieza. Aprende a imaginar lo que ese reloj fue y lo que todavía puede volver a ser.
Cuando tuve este Citizen entre mis manos estaba apagado, cubierto por el polvo de décadas y con ese aspecto que tienen los objetos olvidados. Pero había algo especial en él. Algo que iba mucho más allá de la relojería.
Durante años permaneció olvidado en un cajón. Bastaba una limpieza de armario, una mudanza o una decisión práctica para que terminara en la basura. Habría desaparecido sin hacer ruido, como desaparecen tantas pequeñas historias familiares.
Pero tuvo suerte.
Antes de que eso ocurriera, volvió a aparecer ante mí.
Decidí empezar por lo más sencillo: una limpieza profunda. El brazalete acumulaba años de historia. Literalmente. Polvo, grasa y pequeñas huellas de una vida ya pasada. Con paciencia, agua tibia y mucho cuidado fui devolviéndole parte de su dignidad.
Poco a poco apareció el brillo. No un brillo de reloj nuevo, sino algo mejor: el brillo de un reloj con carácter.
Después llegó el momento de confiarlo al relojero.
Ficha técnica del Citizen vintage
Marca: Citizen
Movimiento: Cuarzo, calibre 593
Año de fabricación: Enero de 1980 (según número de serie 01010869)
Origen: Japón
Caja: Rectangular tipo TV
Funciones: Día bilingüe japonés/inglés y fecha
Se trata de una pieza muy representativa del auge de los relojes de cuarzo japoneses de finales de los años setenta y principios de los ochenta, una época en la que Citizen lideraba la innovación y la precisión junto a otros fabricantes japoneses.
No es un reloj raro ni una referencia especialmente buscada. Pero sí es una pieza auténtica que refleja perfectamente una época irrepetible de la historia de la relojería.
Mucho más que un reloj
Lo cierto es que cuando llegó a mis manos no estaba precisamente en su mejor momento. No funcionaba. El paso de los años había dejado su huella en cada rincón de la pieza. La caja mostraba marcas evidentes de uso, el brazalete acumulaba décadas de desgaste y su aspecto general distaba mucho de lo que algunos coleccionistas considerarían una pieza atractiva.
Era un reloj muy usado y precisamente ahí reside gran parte de su valor. Porque esas marcas no son defectos; son la prueba de una vida compartida con su propietario. Son el reflejo de los días de trabajo, de los paseos, de las celebraciones y de la rutina de una persona que lo llevó en la muñeca durante años.
Quizá otro coleccionista habría preferido encontrarlo impecable, conservado en una caja y prácticamente sin uso.
Yo no.
Cada arañazo me habla del Abuelo Anselmo. Cada señal de desgaste me recuerda que este reloj cumplió exactamente aquello para lo que fue creado: acompañar a una persona durante una parte importante de su vida.
Lo curioso es que para muchas personas este Citizen probablemente no tendría ningún valor especial. No es una pieza rara, no pertenece a una colección exclusiva y tampoco alcanzará cifras sorprendentes en una subasta. A ojos de cualquiera podría parecer simplemente un viejo reloj de cuarzo olvidado durante décadas en un cajón.
Pero para mí es mucho más que eso.
Su verdadero valor no está en la marca, ni en el movimiento, ni siquiera en su antigüedad. Su valor está en la historia que lleva consigo, en las manos que lo llevaron antes que yo y en los recuerdos que despierta cada vez que lo miro.
Perfectamente podría haber acabado en un cubo de basura. De hecho, si lo analizamos únicamente desde un punto de vista económico, probablemente lo más lógico habría sido olvidarse de él. No es un reloj especialmente valioso en el mercado y el coste de devolverlo a la vida difícilmente se justificaría por su precio de venta.
Muchos habrían pensado que no merecía la pena restaurarlo.
Y seguramente tendrían razón.
Pero yo me negué a dejarlo morir.
Porque no estaba rescatando un reloj.
Estaba rescatando un recuerdo.
Lo restauré por una razón mucho más sencilla:
Era el reloj del Abuelo Anselmo.
Cuando el tiempo encuentra su sitio
Tras más de veinte años parado —y probablemente cerca de treinta sin uso real— este reloj necesitaba algo más que una limpieza. Necesitaba volver a cumplir su función. Necesitaba volver a vivir.
Cuando el relojero me lo entregó y vi avanzar los segundos de nuevo, sentí algo difícil de explicar.
No estaba recuperando un reloj.
Estaba recuperando una presencia.
Como si después de tantos años de silencio alguien hubiera vuelto a llamar suavemente a la puerta de los recuerdos.
Hoy me lo pongo de vez en cuando para ir a trabajar. Esta mañana, antes de salir de casa, he mirado la hora varias veces sin necesitar realmente saberla. Lo hacía simplemente para verlo ahí, funcionando. Para recordar que, después de tantos años parado, sigue acompañando a alguien.
Igual que acompañó al Abuelo Anselmo.
Más que un reloj: una presencia
Mientras observo la esfera no veo únicamente un Citizen vintage de 1980.
Veo al Abuelo Anselmo.
O mejor dicho, a Lalo.
Lo imagino sonriendo como siempre. Quizá consultando la hora antes de salir de casa. Quizá ajustando el calendario. Quizá llevándolo sin darle importancia, como hacemos todos con los objetos cotidianos, sin sospechar que algún día acabarán convirtiéndose en recuerdos.
Y aquí estoy yo, décadas después, llevándolo de nuevo.
"Capitán", me decía.
Hoy siento que, de alguna manera, sigo llevando un pedazo de él conmigo.
Sé que para muchas personas no deja de ser un reloj viejo, gastado y pasado de moda. Y lo entiendo. Pero para mí es mucho más que eso. Lo llevo con orgullo porque cada vez que cierro el brazalete sobre mi muñeca siento que estoy rindiendo un pequeño homenaje a una gran persona.
Hay momentos en los que miro el reloj y, durante un instante, casi puedo imaginarlo ahí, sonriendo como tantas veces.
Y entonces, en mi memoria, vuelvo a escuchar aquella voz que siempre me recibía con cariño:
—Capitán, qué grande eres.
Sé que es solo un recuerdo. Pero hay recuerdos que tienen la extraña capacidad de hacerse presentes cuando menos lo esperas.
Quizá por eso este reloj significa tanto para mí.
Porque no solo me recuerda al Abuelo Anselmo.
Me devuelve pequeños momentos que creía perdidos.
Por qué coleccionamos relojes vintage
Mucha gente piensa que coleccionar relojes vintage es una cuestión de estética, mecánica o inversión.
Pero quienes llevamos años buscando estas piezas sabemos que la realidad es muy distinta.
Coleccionamos historias.
Coleccionamos recuerdos.
Coleccionamos objetos que fueron testigos silenciosos de otras vidas.
Este Citizen no es el más raro. No es el más caro. No es el más perfecto.
Pero para mí vale más que muchos relojes infinitamente más exclusivos.
Porque no guarda únicamente el paso del tiempo.
Guarda una historia.
Guarda una familia.
Guarda el recuerdo de una persona que todavía sigue presente cada vez que miro mi muñeca.
Un día seguirá su camino
Y mientras lo llevo en la muñeca, no puedo evitar pensar en el futuro.
Algún día llegará el momento en que yo también deje de llevar este reloj. Es ley de vida.
Y cuando ese día llegue, espero que alguien decida conservarlo. Que vuelva a colocárselo en la muñeca con el mismo cariño y el mismo orgullo con los que yo lo llevo hoy.
Espero que quien lo reciba vea algo más que un viejo Citizen de cuarzo. Que vea la historia del Abuelo Anselmo. Que recuerde cómo pasó décadas olvidado en un cajón. Que sepa que estuvo a punto de desaparecer para siempre y que alguien decidió darle una segunda oportunidad.
Anselmo lo llevó durante años sin imaginar que algún día acabaría en mi muñeca.
Yo lo llevo hoy sin saber quién lo llevará mañana.
Pero me gusta pensar que, cuando llegue ese momento, alguien volverá a preguntar por este viejo reloj. Y entonces volverán a contar su historia.
Hablarán del Abuelo Anselmo.
Hablarán de Lalo.
Hablarán del reloj que pasó décadas dormido en un cajón.
Y de cómo estuvo a punto de desaparecer.
Mientras esa historia siga contándose, una parte de todos nosotros seguirá viajando con él.
Hoy el reloj vuelve a funcionar.
Ya no está olvidado en un cajón.
Ya no está en silencio.
Ahora sigue haciendo lo mismo que hizo durante tantos años junto al Abuelo Anselmo:
acompañar a alguien en su día a día.
Y mientras siga marcando las horas, una pequeña parte del Abuelo Anselmo seguirá viajando con él.
Porque hay relojes que marcan el tiempo.
Y hay relojes que conservan la memoria.
Cada reloj guarda una vida.
Seguimos buscando relojes. Seguimos encontrando historias.
Cazador de Relojes Vintage





Comentarios
Publicar un comentario